martes, 26 de enero de 2010

Innocent?

lunes, 25 de enero de 2010

de rally por la vida

Es sorprendente que no encuentre nada nuevo últimamente, que solo me distraiga con los mismos fallos del sistema de siempre.
Perder el tiempo siempre fue una de mis habilidades, necesito el estatismo que se me escapa, mientras me fugo a la velocidad de la luz de todas mis ideas temerarias. Quiero parar.
Casi un cuarto de siglo de exigencias, de líneas rectas de las que no bajarse, confié demasiado en ellas... ahora solo pienso en derrapar.

viernes, 22 de enero de 2010

where did all the love go?

Vaticino que este tiempo baldío pondrá a cada uno en su lugar, y donde quiera que el amor se haya ido, saldré a buscarlo.
Me pregunto porqué veo huesos donde sólo hay una pantalla y como no soy capaz de atravesar esa fina de membrana que me separa de la dura realidad.
El manual de la perfecta cabrona no dice nada, y pese a todo, existe. O quizá no recuerde que quería decir exactamente con toda esa palabrería barata de límites humanos e inhumanos, con los que pretendía asediar a las mujeres que lo leyeran.
Bah, cosas del directo, la selección de waterpolo no estará a mi servicio hasta que yo no esté al suyo, y no tengo ni siquiera una piscina cerca.
Parece que voy a empezar a despertarme de este escabroso sueño que no me lleva a ninguna parte, llevo demasiado esperando el autobús supuestamente correcto, esperando algo más, malditos seremos los soñadores.

miércoles, 13 de enero de 2010

martes, 5 de enero de 2010

Simplemente, pasa, cada cual encuentra cosas en el camino, hay cosas que ni tu ni yo viviremos, por que no todas las vidas son iguales.
Todo depende de las decisiones, las propias y las ajenas, así que podemos pasarnos toda la vida haciendo puzzles y que nos falten piezas.

domingo, 3 de enero de 2010

La ciudad oriental



Lorenzo Goñi, 1971 - Óleo/lienzo 253 X 334


Cuando duerme la mujer –en este caso se llama Rosalía–, surge en la calígine del sueño una ciudad con minaretes y con cúpulas. ¡Ciudad sagrada y misteriosa, cuajada de pasadizos y ventanas, donde la huella de la mujer se evoca en cada esquina! El sol dora las agujas de sus torres, elevándose en un cielo intemporal. Esta urbe escondida es el refugio de la astuta Scherezada, que subyugara con cuentos al tirano. Miente Rosalía como mentía aquella embaucadora. Tiene que hacerlo porque su vida está en peligro. Rosalía –algunos la llaman Scherezada– duerme sobre colchón de agrestes hierbas, bajo la centinela de langostas que son el espíritu del sueño. El sereno latido de su pecho acompasa su inconsciencia. Se alejó de la casa. Buscó para desperezarse un lugar tibio de fronda en el que desplegar su fantasía. La llaman y no escucha: ¡Rosalía...! ¿Dónde se esconde esta muchacha? ¡Rosalía...! Las voces se difuminan en la tarde. Toma cuerpo la ciudad que pronto se llenará de pobladores y será escenario de int rigas y pasiones, de amores desdichados que provocarán crueles venganzas. Scherezada –algunos la llaman Rosalía– retomará cada noche ante el califa el hilo incesante de su historia, poblándolo de genios, camelleros, comerciantes, de mágicos ladrones, de alfombras voladoras y traidores de nariz aguileña en los palacios... Esos palacios que ella ha construido y en cuyos patios la risa cantarina de las fuentes se entrevera con el sollozo de los amantes clandestinos sorprendidos en su abrazo. Sale una cimitarra de su funda. Esto Rosalía no lo quiere. Pero su imaginación es tan potente como el río que corre subterráneo bajo el pálido desierto. La arena embeberá en un santiamén la sangre. El alfanje, vestido de rojo, volverá a su embocadura. Rosalía, llegado este punto, se quiere despertar: ha ido muy lejos. Es lo que tienen las ciudades orientales: su seducción y su embrujo cuestan caros. ¿Fracasará donde triunfó la narradora que, después de tantas noches, supo mover el corazón del triste rey? Rosalía se quie re despertar, pero no puede. Ha pasado a habitar en su ciudad. Esa noche, su padre, el visir, la presentará a petición propia al monarca. Es la única que puede frenar la hecatombe de doncellas. Scherezada –Rosalía– se va tranquilizando: conoce los anales del reino, las historias, las leyendas... Uno a uno, los irá desgranando ante el sultán. Tan sólo habrá de sondear su ánimo para escoger la narración idónea. Espiará la mínima impaciencia para adornar de portentos el relato. El ánima sombría de ese hombre, cuya crueldad diezma de vírgenes el reino, se saciará de maravillas. Sentada en la alfombra ante el monarca, abre la mujer sus labios. "Había un mercader en un país, en otros tiempos..." Rosalía –Scherezada– ha pasado a vivir siempre en su sueño.



Uno de mis cuadros y mis cuentos favoritos, y encima con mi nombre...

sábado, 26 de diciembre de 2009

Magnetic north

Magnetic North

Yannis Goutman

I fell in love with a girl...

lunes, 21 de diciembre de 2009

the end of the affair



Cuando más de media España se queda en casa a salvo del frío nórdico, yo paso el domingo haciendo fotos en la playa de La Barceloneta, intentando que este año de acabar cosas acabe lo antes posible.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

a quien corresponda



Porque hay quien duerme con tijeras abiertas en la cama, quien se balancea en hamacas de alambre de espino o quien se tumba en divanes de psicoanalistas.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Estimado ladrón de bolsos de chicas que leen libros de tipografía en cafeterías de Rambla de Cataluña:

No solo te has llevado uno de mis bolsos favoritos, ese azul con el lazo de aire vintage que tanto me gustaba, si no que por 3 míseros euros que había en mi monedero de abuela, me has dejado sin la púa con la que estas navidades pensaba aprender a tocar la guitarra, sin la navaja suiza que me compré en Suiza, sin el paraguas que mi abuelo le compró a mi abuela cuando emigró a Alemania, sin mi cuaderno de alemán y maquetación, sin el pen drive con mis prácticas de Quarkxpress, sin mi portaminas recuerdo del Banco de España, sin mi boli Bic negro a medio gastar, sin mi recién renovada 30 minutos antes tarjeta de la Fnac, la bolsa del Plus con la que iba a la compra en Frankfurt.
Pero lo peor de todo, es que me has dejado sin más de dos años de mi vida, puestos por escrito en mi Moleskine, 2 años y un montón recuerdos, entradas, sentimientos, recortes, palabras, personas, películas, canciones, países, ciudades, tarjetas, cinta aislante, dibujos cutres, tinta, pensamientos, y un trozo de mí que iba pegado a ese pequeño cuaderno que me compré la primera vez que estuve en Frankfurt.

Espero que disfrutes de tu botín.