recuerdo,
estar sola en un primer piso de Cuatro Caminos,
con la mirada puesta en el infinito,
con todo lo infinita que podía ser mi mirada
que fue aquella noche,
mientras esperaba,
a mis estupideces acechando contigo de la mano,
cuando descubrí que en los cementerios japoneses
crecen árboles sobre las tumbas
y que lo nuestro nunca fue lo que pareció.
Pero también recuerdo
que escribía páginas en blanco,
y las colocaba debajo de la almohada
por si en un ataque de rabia,
mis sueños se rebelaban
y me hacían abdicar por no cumplirlos.
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viernes, 16 de octubre de 2009

Hay demasiado tiempo en un reloj y una mano muerta siempre será una mano muerta.
No hay posibilidades de lluvia, pero hacerse un nudo por dentro es una de las formas más comunes de ahogamiento.
Una mano muerta no agarra otras manos, no saluda, no acaricia, no gesticula, no se cruje los nudillos y nunca se colará por tus cabellos.
En una mano muerta se desdibujan las líneas de la cabeza, del corazón y de la vida.
A pesar de tener dos manos, puede morir solo una y hacer que la otra caiga abatida por la muerte prematura de la otra.
Una mano moribunda se detecta por su color blanco, con reflejos azulados de venas que se congestionan y detienen.
Una mano moribunda poco a poco deja de arrastrar maletas por aeropuertos, deja de agarrarse a las asas de los autobuses, deja de sujetarse a los reposabrazos de los cines en las películas de terror.
Una mano casi muerta permanece en su sitio, esperando en la interminable espera de que el resto del cuerpo también muera.
Una mano muerta, nunca se decora, no lleva anillos ni pulseras, ocasionalmente lleva reloj, pero como ya es sabido, hay demasiado tiempo en un reloj, y una mano muerta siempre será una mano muerta.
14 marzo 2009
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